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GARCÍA ROMÁN, Juan Andrés


 

Juan Andrés García Román

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Granadino licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada.

Ha dedicado su Período de Investigación Titulada a la poetisa Ingeborg Bachmann con el trabajo Entre el silencio y la utopía del lenguaje: aproximación a la concepción poetológica de Ingeborg Bachmann .

Actualmente sigue vinculado con la Universidad de Granada.


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-POESÍA:

2002: Querido Jinete Azul, no volveré a escribir cartas tan tristes
2004: Perdida latitud
2004: Soledad que da al mar
2005: Las canciones de Lázaro
2006: Launa

-OTROS:
2005: participación en el catálogo de la exposición Granada Ojos del Sur: Artes visuales y literatura del siglo XXI


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2002: Accésit del premio de poesía Artífice por Querido Jinete Azul, no volveré a escribir cartas tan tristes.
2004: VII Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal por Perdida latitud.
2004: Primer premio en el Certamen andaluz de poesía Villa de Peligros por Soledad que da al mar.
2005: Premio de Poesía Florentino Pérez-Embid.


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A modo de poética

Me ronda siempre un verso de Ungaretti; es exacto, sencillo, sin premeditación, como todo lo hermoso:
Cerco un paese / innocente.
Es ésa casi toda mi poética o por lo menos la piedra de su bóveda. Pero tiene mi poesía otro pilar sin el cual el edificio se caería: otro verso, esta vez de Eugénio de Andrade. Dice así: lo real es la palabra.

Y en verdad, entre la búsqueda desesperada de una patria que nos devuelva la pertenencia integral al mundo de las realidades perdido, al universo, por una parte, y el reto que supone el salir sin más merodeos a buscarla: a no aceptar la realidad dada sino la que la palabra puede dejar en nuestras manos, entre lo uno y lo otro -digo- se eleva el edificio de mi poesía.

Para mí, está muy claro que la poesía no acepta el mundo simbolizado que le precede y se lanza a una carrera, que no abandonará aun a sabiendas de que su meta es una quimera, porque, al cabo, la poesía habrá de comprender que lo suyo no puede ser sino un trabajo en el límite de lo posible, en esa "contradicción entre lo posible y lo imposible" -que concierne siempre al arte según Ingeborg Bachmann- o en la aceptación de su ser como utópico, como dirección o como "meridiano", que preferiría Paul Celan.

En definitiva, la labor de la poesía se sitúa en la raíz del lenguaje, es a fin de cuentas una reactualización de sus personas y sus ámbitos: la poesía es un acto de epifanía lingüística, es la utopía de una lengua verdadera. Todo ello, no porque sí, sino porque el poeta está en una sociedad, está comprometido con ella. Compromiso, sí: en ese sentido me parece muy adecuado hablar de compromiso. Ahora bien, compromiso para aportar a la sociedad una brújula y una alternativa, como diría Ernst Bloch en "El principio esperanza": la poesía, creo que muy en particular, pero el arte en general deben al hombre una explicación de su mundo, una orientación sobre dónde se encuentra y dónde se debería encontrar, y, por supuesto, la creación de un mundo alternativo al que le ha tocado vivir.

Un mundo alternativo o la visión alternativa de un mundo, cuya edificación última no es tarea suya -ni puede serlo, porque no posee los medios pertinentes para ello-, pero cuya construcción depende de ella, porque la poesía ofrece al hombre el instrumento de su sociabilización: el lenguaje, precisamente el lugar donde una sociedad se crea y se perpetúa.

Pero la poesía está comprometida a regalar al hombre no un instrumento cualquiera, no una herramienta inconsistente -hablo de la alusión pedestre a lo cotidiano, de la grisura que conlleva la referencia a un ambiente decadente y sin fe en las posibilidades del arte- sino una espada que reluzca recién bruñida en la mano del hombre. En este sentido sí es la poesía un "arma cargada de futuro"; por supuesto que lo es. Y no es en vano esta invocación al mañana: il faut ettre absolutement moderne -dijo como sabemos todos Arthur Rimbaud. Moderno, sí, moderno, claro: lo cual no significa entregar al mundo la decadencia de los lupanares parisinos -o al menos no en su crudeza intrascendente- ni tampoco la quehja bella pero decadente de uno de sus primeros poemas "Les etrènnes des orphelins" sino la ensoñación sin límites de "Las iluminaciones".

El poeta no comulga a priori con nada de lo que el lenguaje cotidiano deposita en sus manos: toda su realidad no es sino una búsqueda de sí misma, del propio yo enunciador, de la realidad e incluso del lector, del "otro" (u "Otro" apud Celan) al que no se conforma con buscar, porque su relación con él se transforma asimismo en creación.

La verdadera poesía se balancea, por tanto, en todos los límites de los lugares de la enunciación. Por eso es profética, por eso busca siempre lo nuevo, aun cuando su vocación la lleve al hecho desolado de la falta de un "horizonte de expectativas" adecuado a su discurso.
La poesía, y recurro de nuevo a mi querida Ingeborg Bachmann, es siempre "lo nuevo, lo deseado, lo que aún está por ganar, un reino abierto de fronteras desconocidas".


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PRIMER DÍA, PRIMERA PALABRA

A mi padre, en su recuerdo

Primer día, primer rostro de la mañana, gesto
primero de la luz: bancales que descienden
después de tanto invierno
al encuentro del tiempo y la palabra.

Primer día, difícil claridad donde es posible
todavía un poema, pulso casi
con la muerte y la vida. Después de tanto invierno,
clausurado el mañana, el camino, la historia,
lanzado a su vacío todo lenguaje,
el agua va y despierta,
acaricia, pronuncia en mi esperanza
este frágil regazo de álamos. No sé
cuánto habrá de durar esta flor en mi vida,
así abierta en mi pecho. Tal vez poco, muy poco,
pero ya le he ofrecido
todo lo que yo sé, no una tersura
de orquídeas, esta mano
hoscamente entregada
como arma de ternura contra algún astro ciego.

Primer día, palabra
que vale todo el peso de esta luz,
de estos montes aún al sur de todo.
Primer día, difícil claridad. Estoy tan lejos.
No tengo nada más que esta voz para amarlo,
pero sigo la norma de aves y de ríos:
comienzo a caminar.

(Primer poema de Tierra fruto del corazón, en Perdida Latitud, Hiperión, 2004)


PODA SECA, ESPERANZA, RUISEÑOR

Mi cuerpo,
esta oquedad entre el alma y el invierno,
raíz de ese muro, lápida
que las aves alzasen
hasta el canto.

I (PRIMERA DE LAS CANCIONES DE LÁZARO)

Para Laura Rodríguez Villa-Real

Amor es la primera palabra del poema,
sol que es racimo en el dolor tan viejo de las vides,
luz que se orea en el arroyo de unas manos.

Las primeras palabras del poema
son un peregrinaje hasta tus manos:
tus manos, lo creado, tus manos y de ellas
el agua y el calor, la luz, la lluvia,

porque sólo tus manos
me hacen de la costilla de la luz y del verbo,
porque sólo en tus manos, como al callar la lluvia,
desde el primer silencio y la primera piedra,
la palabra;

la palabra y entonces voy a gatas,
y escribo y voy a gatas:

tus manos, el arroyo de tus manos
y en ellas la palabra,
como semilla que cae en buena tierra.


MIRADA DISTRAÍDA (ZERSTREUTES HINAUSSCHAUEN)

Para Juan E. Wilhelmi

I (En un tren hacia Klagenfurt, estación de Hallein, aledaños de Salzburgo)

Mediodía, pero el copo cae en el copo.
Un cuervo vuela a la escritura de la palabra marzo -Hallein-;
sus alas en la nieve abren y cierran las puertas de los bosques.

Quién hay, quién vive aquí, ya sin otro destino
que la mirada allende el acebal,
quién vive aquí

y qué vamos a hacer en estos días de primavera
con la nieve en el ala más temprana.
Continúa el trayecto y la pupila, viejo néctar de mirlos y verano
se licúa en la nieve, también sin esperanza.

II

Escucha, tiene nombre:
por eso es roja y ocre y amarilla
esta pluma
clavada así en mitad del invierno,
como una semilla:

ha hecho un ligero hueco entre la nieve,
la ha derretido a fuerza de color
y de forma.

(De , inédito)


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juanandresgarciaroman@gmail.com


[Ficha realizada por Peña]


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Junta de Castilla y León Universidad de Valladolid The Graduate Center. CUNY