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MOGA, Eduardo
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-POESÍA: Ángel mortal (1994). -ENSAYO: De asuntos literarios (2004). -ANTOLOGÍAS: Los versos satíricos (2001).
Frank O'Hara, Poemas a la hora de comer (1997). Con prólogo.
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1995: Premio Adonáis de Poesía por La luz oída.
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POESÍA PARA… Poesía para desnudar la palabra.
^ Subir Vuelvo aquí, al lugar del que nunca me he ido; aquí, donde el terror se alía con la inocencia, y las manos no tienen otra cosa a la que aferrarse que las propias manos; aquí, donde el ojo interroga a la página, y vuelca en la página cuanto ha apresado, y vierte la tinta espectral de los años, y el oro podrido de las cosas, y el zumo de su propio cristalino; aquí, donde los objetos, huérfanos, se preguntan qué forma revestirán, o qué temblor seré capaz de conferirles; aquí, donde soy, escribiendo, y me abraso, escribiendo, aunque se haya borrado mi nombre, y vague por los despeñaderos de la ignorancia, y el cuerpo se llene de explosiones silenciosas, de días átonos. Vuelvo a la vecindad de los papeles. Me observan cosas que podrían ser, pero que pasan, sin cuerpo y sin resplandor. Claman por la lengua que las diga, pero perecen en la inexistencia. Se asoman a mí, con turbulencia germinal, pero concluyen: antes de disiparse, antes de amar. El polvo podría ser piedra; la transparencia, oscuridad; lo que reconozco podría reconocerme. El mundo posible me aplica su ley: si duerme en el barro, me embarra de pureza; si muere, también yo muero; si alcanza a vivir, me destruye. Veo un promontorio que no es un promontorio, y una casa que ha sido demolida, y una luz que ennegrece. Veo gestos sin movimiento, noches sin madrugada, sinrazón sin irracionalidad: nombres que no designan, o que encarcelan. Me veo a mí, manoteando en la incertidumbre, para abonar la incertidumbre, atrapando lo que sobrenada en el tiempo, con hambre de signos y de prodigios: creando para crearme. Veo, aunque me haya arrancado los ojos. Estoy aquí, encajado en mi tórax. Siento el peso tímido de los testículos. Esparzo en el polen el polen de mi muerte. A mi alrededor se reúne lo oscuro, abrazado por lo que resplandece. Quiero coger el reloj, pero se aleja. Me gustaría atravesar el aire, y desvelar lo que oculta, y eyacular en su herida, pero me intimida su impenetrabilidad: su cuchilla ubicua, unida a otras armas incorpóreas. La pantalla del ordenador no deja de interrogarme: cuanto más escribo, más ignoro. La goma con la que borraré casi todas las palabras de este poema descansa en un reposavasos oxidado, que ya he mencionado en otro poema. [La tecla Supr es otra área del córtex cerebral: su circunvolución más creativa. En alguna ocasión he acariciado la idea de componer un vasto poema, integrado por sus sucesivas correcciones, desde el manuscrito original hasta su versión publicada: un palimpsesto interminable]. Todo se escuda en su ser, para no ser; todo es su yo inacabable, que muda jubilosamente en tiniebla; todo se vuelve enemigo, pero sonríe. Y yo observo su migración como quien contempla el desbordamiento de un río. Acuden realidades a las que no he dado representación. [También he pensado en componer un poema enteramente fragmentario (¿enteramente fragmentario?) con retales no utilizados de otros. Pero ¿no es todo poema un remiendo, una sucesión de costurones?]. Los champiñones de hormigón que jalonan los campos de Albania. El barbero que, para mantener la muñeca caliente, le recorta el pelo a un maniquí de plástico, sentado en una butaca de la barbería. El perdigón de vidrio de un vaso roto a muchos metros de distancia, que me impacta en el ojo mientras como en un restaurante [y que me lleva a pensar en lo milagrosa que resulta nuestra indemnidad, entre tantas asechanzas del azar]. El móvil que le suena al que está meando a mi lado, en el lavabo de un antro, y al que responde sin dejar de orinar. Un verso de Ashbery: As Parmigianino did it, the right hand/ Bigger than the head, thrust at the viewer/ And swerving easily away, as though to protect/ What it advertises, que fluye con sincopada nasalidad en la penumbra de una sala, en cuyo vestíbulo se desarrolla un desfile de Mango [cuando salgamos del museo veremos a dos modelos, esquemáticas, meterse en un coche de la organización]. Violet, de la que podría enamorarme. La conjetura de que merece la pena vivir —de que el sol es sangre, y la sangre, ahora, y el ahora, eternidad—, aunque todo se hunda, con la impaciencia de una ola, en el cráter de la muerte. Todo se dirige a la afirmación, pero se embebe en la indiferencia. Todo tropieza en mí, y yo tropiezo en todo. Camino por lugares que se me ofrecen como alambradas, y que me desgarran como amapolas. Salgo de casa, piso los minutos, recorro la piel: es una hoguera helada, cuyos espejismos incorporan matices de antracita o sugieren hipótesis de suicidio. Hago otros hallazgos en este camino desolado: un puñado de relatos, que describen mi desvalimiento, a los que me empeño en llamar poemas; el flagelo de la serotonina; la pesadumbre de ser alguien. Y me sujeto las manos como si fueran a echar a volar [de hecho, vuelan: se alejan de mí, surcan espacios que aún no he bautizado, se extravían en la vastedad de lo cercano. Las manos recuerdan. Por fin, se funden con el lápiz que sostienen]. Todo puja, aun lo carente de fuerza para ascender: lo que no puede brotar. Discrepo del desorden: hablo. Escupo sueños: me desangro. Abrazo al viento, a lo ininteligible, a la tristeza: me abrazo a mí. Y persevero en la senda que he elegido [Two roads diverged in a wood, and I—/ I took the one less traveled by: recuerdo a Danny recitándome estos versos de Frost, mucho antes de que quisiera ser poeta], que serpentea por países nocturnos, y que iluminan lunas desprendidas de sus cielos. Me rodea lo que no ha existido: lo nunca oído. Pero narro. Pero grito. Deshojo sustantivos, y me desequilibro, pero ese desequilibrio me sostiene. Atiendo a las ecuaciones de los sentimientos y a los borborigmos de la razón: soy mortal. Todo se yergue, aunque perezca. Y sobrevivo, fugazmente, en la duda y la alegría. EDUARDO MOGA [Poema XXXI de Bajo la piel, los días]
^ Subir ANDRÉS, Ramón, "Todos los silencios son uno", El Periódico de Cataluña, 22 de mayo de 1998, Barcelona. BARRERA, José Mª, "Ángel mortal", ABC, 2 de diciembre de 1994, Madrid. CALBARRO, Juan Luis, "La palabra y la carne del náufrago. Eduardo Moga, el poeta del no ser", Quimera, núm. 287 (octubre 2007), Barcelona. ENARD, Mathías, "La montaña hendida", Lateral, febrero 2003, Barcelona. GARCÍA DE LA CONCHA, Víctor, "La luz oída", ABC, 24 de junio de 1996, Madrid. GARCÍA JAMBRINA, Luis, "Antología modélica", ABC, 19 de marzo de 2005. LLERA, José Antonio, "El ansia y la visión", Riff Raff, núm. 24 (2ª época), invierno de 2004, Zaragoza. MARCOS, Bruno, "Flâneur postmetafísico", Diario de León, 27 de enero de 2008. MARTÍN, Salustiano, "De la pasión y de su cadáver", Reseña, núm. 318 (julio-agosto de 2000), Madrid. MARTÍNEZ, Santiago, "Versos sin pelos en la lengua", La Vanguardia, 11 de septiembre de 2002, Barcelona. ORTEGA, Antonio, "Cuerpo sin mí", El País, 23 de agosto de 2008, Madrid. ORTEGA, Jorge, "Semántica del texto", Crítica, núm. 129, octubre-noviembre 2008, Puebla (México). RICO, Manuel, "La oscura trastienda", El País, 17 de enero de 2004, Madrid. RODRÍGUEZ PADRÓN, Jorge, "El camino de los ritmos", Turia, núm. 85-86 (marzo 2008), Teruel. SÁNCHEZ SANTIAGO, Tomás, "Eduardo Moga o la conciencia de la exclusión", Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 648 (junio de 2004), Madrid. ^
www.dvdediciones.com/monstruos_moga.html http://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Moga www.eldigoras.com/bibe/aut/mogaeduardo.html www.joanducros.net/corpus/Eduardo%20Moga.html www.poemasde.net/poemas-de-eduardo-moga/ www.revistadeletras.net/eduardo-moga/ www.bassarai.com/pages/moga.html www.literaturas.com/v010/sec0803/textos_ocultos/textos.html www.poesiadigital.es/index.php?cmd=entrevista&id=15 www.escueladeletras.com/actualidadliteraria/ver_noticia.php?id=2580 lasrazonesdelaviador.blogspot.com/2009/12/eduardo-moga-dos-poemas-en-prosa.html lanausea2000.blogspot.com/2009/01/un-paseo-por-el-cosmos-potico-de.html ^ Subir |
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